Capítulo 2
Esa noche dormí muy
bien. Como trabajo en casa no me despierto hasta las 9 de la mañana, me ducho, desayuno
rápido y me pongo a trabajar directamente. Pero esta mañana me despertó el
móvil a las 7 de la mañana. Me asustó un poco. Tenía dos mensajes de Ronnie.
El primero tenía una
foto de sus pies fantásticos y una pregunta:
¿Estás dispuesto a dejarme
usar tu cuerpo para poder adorar mis pies?
Inmediatamente le
envié mi respuesta: “Sí, por supuesto, señor”.
El segundo mensaje
tenía una foto de su polla erecta y otra pregunta:
¿Estás dispuesto a
obedecerme y hacer lo que te ordene para poder disfrutar de mi polla en tu boca
y en tu culo?
Por supuesto mi
respuesta no se hizo esperar: Sí amo Ronnie. Mi cuerpo te pertenece, solo
quiero darte placer, que experimentes conmigo tus fantasías de dominación. No
puedo esperar a servirte otra vez.
Por mis respuestas
tan rápidas, Ronnie me mandó otro mensaje: “Me alegro de haberte reencontrado,
eres un sumiso perfecto y seguiré trabajando para que seas un esclavo sexual
perfecto. Hasta mañana”.
Tenía tantas ganas de
que me usara nuevamente que me fui a mi sala especial, mi sala secreta y allí
me follé con uno de mis consoladores y luego me puse un enema como me había
ordenado el amo Ronnie, aunque sabía que hoy no vendría a verme, pero así me ilusionaba
pensando en nuestro próximo encuentro. Luego me duché y desayuné. Estuve listo
una hora antes de empezar a trabajar.
Ese día se me hizo
demasiado largo. Solo esperaba que llegara el día siguiente para volver a ver a
Ronnie. Iba a venir a ver el jardín para darme un presupuesto y estaba seguro
que luego querría que lo sirviera sexualmente. Un hombre joven como él, constantemente
excitado sexualmente como me dijo, no creo que pasara la oportunidad de volver
a follarme o de, al menos, que le chupara la polla.
Finalmente llegó el
día tan esperado y yo estaba más que preparado para recibir a mi nuevo amo.
Ronnie llegó a eso de las cuatro de la tarde. Tocó el timbre y corrí a abrir la
puerta.
- Hola, Martín -dijo sonriendo.
- Hola, señor -contesté ansioso.
- Muy bien, primero vamos a ver ese jardín y luego
me haces un café.
- Por supuesto -respondí. Ronnie pasó delante de mí
y se dirigió hacia la puerta de atrás, al pasar a mi lado pude oler su sudor
penetrante. Tenía una barba de dos días y estaba tremendamente sexy en sus
pantalones cortos y su camiseta negra ajustada. Estuvo haciendo mediciones en
el jardín mientras yo lo observaba. Apuntó en su libreta y a los veinte minutos
había terminado.
- Bueno, en dos días te tengo el presupuesto, ahora
vete a hacerme un café.
Corrí a la cocina y puse el agua al fuego, Ronnie
entró detrás de mí.
- ¿Qué estás haciendo, maricón? -preguntó con voz
grave y seria.
- Tu café, señor -respondí temeroso.
- ¿Cómo tienes que estar delante de mí dentro de la
casa? -preguntó con cierta ironía.
- ¡Oh, perdón señor Ronnie! -contesté presuroso y
empecé a desnudarme ahí mismo.
- Ahora estás mucho mejor -dijo con aprobación-. Mi
esclavo tiene que estar siempre desnudo en mi presencia dentro de la casa, que
no se te vuelva a olvidar.
- Sí señor, no volverá a ocurrir.
- Así me gusta, y espero que no se te olvide. Ya veo
que te has afeitado, muy bien. Siempre que estemos entre estas cuatro paredes o
donde yo decida someterme estarás desnudo ante mí. En todo momento y aunque yo
no lo esté. Tienes que estar dispuesto a satisfacerme cuando a mí me apetezca.
Tu boca tiene que estar lista, tu culo preparado y tus pezones deseosos de que
yo lo use. ¿Entendido?
- Sí, señor. Perdóname –contesté bajando la cabeza.
- Bien, estoy seguro que no volverá a pasar. Ahora
te traje un regalito que vas a usar siempre que estés en mi presencia para
someterte a mí.
Dicho esto, metió la mano en la mochila que traía y
sacó una caja negra.
- Toma, ábrela –dijo entregándome la cajita. La abrí
y saqué un collar de cuero negro que, debo admitir, era de mejor calidad que
los que yo guardaba en mi sala secreta - ¿Te gusta? –preguntó impaciente.
- Me encanta, señor –dije mirándolo a los ojos y
sonriendo de satisfacción.
- Perfecto –dijo-, dámelo que voy a ponértelo.
Se lo entregué y lo puso alrededor de mi cuello. Si quedaba
alguna duda de lo que Ronnie esperaba de mí, ahora todo estaba claro. Era su
perro, su esclavo, su dominado, su puto para todo lo que quisiera ordenarme
sexualmente.

- Más adelante compraré una correa para pasearte
como mi propiedad –me dijo al oído con la voz más pervertida que le permitieron
sus cuerdas vocales. Si supiera la cantidad de correas de distinto material que
yo guardaba… pero ya las vería en su momento -. Ahora tráeme el café a la sala.
Obedecí y fui detrás de él como un perrito faldero
llevando su café e intentando aspirar el olor a sudor que iba dejando delante
de mí. Se sentó en el sofá como la última vez dejando en el suelo la mochila de
donde había sacado el collar de cuero. Deposité su taza de café en la mesita y
me quedé de pie delante de él esperando sus instrucciones.
-Arrodíllate frente a mí que tenemos que hablar.
-Sí, señor –respondí mientras me agachaba
obedeciendo su orden.
-Quiero dejar varias cosas claras –dijo llevándose
las manos detrás del cuello y dejándome ver la humedad de sus axilas sudadas.
Ronnie me tenía hipnotizado. Me encantaba su cuerpo, su olor, su polla, sus
pies y sus nalgas redondas y duras que protegían ese anillo rosado que deseaba
chupar como si fuera un helado.
-Necesitamos aclarar algunas cosas para no tener
malos entendidos –dijo con su voz de macho dominante. Esa voz que ponía cuando
me ordenaba algo o me trataba como un trozo de carne que le daba placer.
-Lo que tú digas, señor –respondí mirándolo a los
ojos. Unos ojos negros y penetrantes que parecían taladrar los míos.
-Está claro que te gusta que te domine un macho, un
hombre que quiere gozar y que le den placer, como yo. Y yo quiero usarte para
mi placer. Como ya te dije, siempre tuve la fantasía de poder dominar a otro
hombre y tú me estás dando esa oportunidad, ¿verdad?
-Sí, señor Ronnie. Quiero que me uses y me trates
como tu objeto de placer.
-Perfecto –continuó-, pero no quiero que te
confundas. Esto no es una relación romántica. Esta es una relación de
amo-esclavo donde yo ordeno y tú obedeces y si no te conviene me lo dices
ahora.
-No señor. Estoy de acuerdo contigo. No quiero una
relación romántica, necesito alguien que me use, que me haga sentirme útil
dándole placer. No quiero más.
-Excelente. Yo voy a tratarte como mi putito, vas a
satisfacer mis instintos más bajos y vas a sentir placer haciéndolo, ¿está
claro?
-Clarísimo, señor –mi excitación aumentaba cada vez
más. Al fin había encontrado lo que buscaba y en un hombre tan atractivo como
Ronnie.
-A partir de hoy yo decido cuando, como, donde y
quien te folla y te usa. Desde hoy tu vida sexual depende de mi voluntad, de
mis deseos y de mis fantasías. Si te portas bien y me obedeces siempre tendrás
una polla que te llene de leche y unos pies masculinos que llevarte a la boca y
un verdadero macho al que adorar y ofrecerte. ¿Te gusta mi oferta?
-Me encanta, señor.
-Tal vez te haga firmar un contrato con mis deseos,
ya veremos. Vamos a tener una palabra de seguridad para que no se me vaya la
mano cuando tenga que castigarte o disfrutar de tu culo y tus pezones con
algunos juguetes. Si ves que me estoy pasando, aunque también espero que
trabajes tu resistencia, utilizarás la palabra “Cuba” y si tienes la boca
tapada entonces me mostrarás el dedo medio de cualquiera de tus manos. ¿Está
claro?
-Por supuesto, gracias señor.
-Bien, ahora que tenemos las bases de esta relación
vamos a sellarla como se debe. Quítame las zapatillas y huele mis calcetines.
Sabía que al hacerlo el olor iba a ser muy fuerte.
Obviamente el amo Ronnie venía de trabajar y no le importaba que sus pies
estuvieran sudados y olieran mal. Había sido claro, tenía que obedecerlo y
darle placer, lo demás no importaba. Si me era molesto o doloroso era mi
problema, no el de él. Venía a verme para que yo le diera placer y cumpliera
sus fantasías de macho dominante. Y yo estaba dispuesto a hacerlo. Cogí sus
tobillos y levanté sus pies hasta tenerlos frente a mi cara. Enterré mi nariz
en la planta de sus pies y olí con fuerza esos calcetines húmedos de sudor. El
olor era penetrante, pero tan viril que mi calentura iba en aumento.
Ronnie gemía de placer y su voz entrecortada me
ofrecía lindezas del tipo “putito mamón”, “chupa los pies de un macho, puto”,
“dame placer”, lo cual aumentaba mi calentura y mis deseos de complacerlo.
Adoraba su olor a sudor, su olor a macho en celo, su olor a macho dominante.
-Usa tus dientes para quitarme los calcetines,
maricón –ordenó. Con dificultad terminé de descalzar sus pies por completo y
enterré mi nariz entre los dedos de sus pies para aspirar su aroma y luego con
mi lengua fui lamiendo cada pliegue de sus dedos metiendo en la boca uno a uno
e intentando, infructuosamente, meterlos todos a la vez. Sus pies eran
demasiado anchos para que pudieran entrar en mi boca en su totalidad así que
debía conformarme con tres o, a lo sumo, cuatro dedos por vez. De golpe puso
sus pies en el suelo y cogió una de las argollas que salían del collar de cuero
y me hizo ponerme de pie.
-Desnúdame y bebe el sudor de mis axilas –ordenó.
Lentamente fui desnudando su cuerpo. Bajé sus
pantalones cortos y su polla apareció erecta y desafiante. Gruesa, dura,
venosa, preparada para que mis agujeros le dieran placer. Cuando le quité la
camiseta levantó los brazos para darme fácil acceso a sus axilas peludas y
húmedas. Lamí su sudor deleitándome con su olor fuerte, ácido y viril.
-Muy bien putito, eres un buen lamedor. Cuanto
placer vas a darme, maricón.
No me importaba que me insultara o me humillara, esa
era mi misión: rebajarme y humillarme ante un verdadero macho alfa.
-Date la vuelta y pon las manos a la espalda.
Pude escuchar como el amo Ronnie rebuscaba en su
mochila y entonces sentí un metal frío rodeando mi muñeca derecha e
inmediatamente lo mismo en la izquierda. El amo Ronnie me estaba esposando las
manos a la espalda.
-Date la vuelta y arrodíllate.
Obedecí y de inmediato metió su polla hambrienta en
mi boca más hambrienta aún. Cogió mi cabeza con sus manos para que no la
moviera y empezó a follarme la garganta. Yo me atragantaba constantemente y la
saliva empezó a resbalarse por las comisuras de mis labios. Mis ojos empezaron
a llenarse de lágrimas, pero el amo Ronnie no tenía pensado detenerse. Después
de unos minutos que me parecieron eternos sacó su enorme polla de mi boca y mis
mandíbulas volvieron a su sitio. No se había corrido así que seguramente me
follaría y yo lo estaba deseando.
-Súbete al sofá, ponte boca abajo y descansa tu
pecho sobre el apoya-brazos.
Obedecí y el amo Ronnie cogió la crema lubricante de
la mesita de café y con un dedo comenzó a lubricar mi ano. Lentamente fue
introduciendo un dedo embadurnado en crema. Metía y sacaba el dedo como
follándome, luego fueron dos dedos y luego tres. Me folló con los tres dedos
durante varios minutos mientras yo gemía de placer, a veces con dolor, pero
siempre gozando por darle placer al amo Ronnie. De pronto sacó los dedos y
sentí la cabeza de su polla a la entrada de mi culo. Sin tocarme con sus manos
fue introduciendo su capullo hasta que traspasó la frontera de mi esfínter y se
quedó quieto. Sin tocarme, sin moverse en absoluto.
- ¿Te gusta lo que sientes? –preguntó.
-Sí, señor –respondí con voz entrecortada.
- ¿Te gusta sentir mi polla en tu culo?
-Sí, señor.
- ¿Quieres que te folle? ¿Quieres que tu amo te
folle ese culo de puto que tienes?
-Sí, señor. Por favor fóllame.
-Necesitas ser más convincente.
-Fóllame amo Ronnie –dije medio lloriqueando para
que se diera cuenta de mi desesperación por complacerlo, de mi desesperación
por tener su polla entera dentro de mí –por favor dame tu polla, mete tu polla
en mi culo de maricón sumiso, por favor amo Ro… -no pude terminar de decir su
nombre porque empujó toda su polla dentro de mí de una sola embestida y arrancó
de mí un gemido de verdadero dolor.
-AAAAGGGGGGHHHHHH
- ¿Qué pasa? ¿No eres capaz de recibir la polla de
tu macho?
-Sí, señor puedo recibirla, necesito tu polla en mi
culo, fóllame.
El amo Ronnie empezó entonces un follar rítmico. De
vez en cuando sacaba su polla entera y volvía a introducirla de un golpe seco
antes de que mis esfínteres se cerraran. Era un vaivén enloquecedor que me
hacía gemir de placer y dolor en una mezcla realmente especial que me hacía
sentir un goce que no había sentido jamás. No solo era saber que su polla me
taladraba usándome como a mí me gustaba sino el hecho de que quien me poseía
era Ronnie. Un macho joven, aceptablemente guapo, pero con un cuerpo perfecto,
viril, velludo y con unos pies grandes y bien hechos, los pies de un macho que
me hipnotizaban y a los que me encantaba adorar. Me resultaba difícil creer que
un hombre heterosexual como Ronnie supiera como someter tan bien a otro hombre
y que supiera exactamente qué hacer para tenerme bajo su control y como
tratarme para sentirme totalmente sujeto a su voluntad, sus caprichos y sus
fantasías. Deseaba que esta relación de sumisión y dominación continuara para
seguir descubriendo hasta donde podía llegar la voluntad dominadora del amo
Ronnie.
Empezó a bombear con más fuerza. Con una mano cogió
mis muñecas esposadas y con la otra tiró de mi cabello para que levantara la
cabeza y mirara hacia adelante.
-Ya casi, puto. Vas a recibir la leche de un hombre.
¿Quieres que llene tu culo de maricón con mi leche de macho?
-Sí, por favor, amo Ronnie, llena mi culo con tu
leche, por favor.
El amo Ronnie aceleró sus embestidas y empecé a
sentir como su semen caliente invadía las paredes de mi culo. Me sentía en la
gloria. Sentía que le pertenecía, que al llenarme con su leche caliente me
había convertido en su propiedad sexual. Si existía alguna duda en mi mente,
había desaparecido por completo. Era, sin duda, el esclavo sexual de Ronnie.
Sacó la polla de mi culo y metió uno de sus dedos.
-Así –dijo-, ahí viene mi leche –podía sentir como
su semen se escurría por mis bolas. De golpe la mano fuerte y viril del amo
Ronnie apareció frente a mi cara.
-Chupa mi leche, puto. No quiero que se desperdicie
–con mi lengua limpié su mano hasta la última gota de su semen que tragué con
delicia.
Me sacó las esposas y se fue al baño. Yo permanecí
en mi sitio esperando sus órdenes. Volvió y mientras se vestía me ordenó
acostarme en el suelo y hacerme una paja. Me corrí rápido porque estaba súper
caliente y nuevamente el amo Ronnie recogió mi leche con su mano y la trajo
hasta mi boca.
-Aunque tu leche no es tan valiosa como la mía
quiero que te la tragues y no ensucies el suelo.
Obedecí sin rechistar. Luego el amo Ronnie me hizo
anudar los cordones de sus zapatillas y se levantó para marcharse.
-Intentaré volver esta semana con el presupuesto. Si
estoy muy ocupado te lo mando por email y te digo cuando voy a venir. Por las
dudas estate preparado cada día porque si encuentro un hueco me hago una
escapada. Aunque sea para que me la chupes, ¿entendido?
-Sí, señor –respondí-, cuando tú quieras.
-Perfecto –sin más cogió su mochila, me pegó un par
de palmadas en las nalgas y se fue.
Al cerrar la puerta sentí como un vacío. El amo
Ronnie acababa de follarme como un salvaje y yo ya estaba deseando que volviera
a hacerlo.