Wednesday, April 3, 2024

 Capítulo 2

Esa noche dormí muy bien. Como trabajo en casa no me despierto hasta las 9 de la mañana, me ducho, desayuno rápido y me pongo a trabajar directamente. Pero esta mañana me despertó el móvil a las 7 de la mañana. Me asustó un poco. Tenía dos mensajes de Ronnie.

El primero tenía una foto de sus pies fantásticos y una pregunta:

¿Estás dispuesto a dejarme usar tu cuerpo para poder adorar mis pies?

Inmediatamente le envié mi respuesta: “Sí, por supuesto, señor”.

El segundo mensaje tenía una foto de su polla erecta y otra pregunta:

¿Estás dispuesto a obedecerme y hacer lo que te ordene para poder disfrutar de mi polla en tu boca y en tu culo?

Por supuesto mi respuesta no se hizo esperar: Sí amo Ronnie. Mi cuerpo te pertenece, solo quiero darte placer, que experimentes conmigo tus fantasías de dominación. No puedo esperar a servirte otra vez.

Por mis respuestas tan rápidas, Ronnie me mandó otro mensaje: “Me alegro de haberte reencontrado, eres un sumiso perfecto y seguiré trabajando para que seas un esclavo sexual perfecto. Hasta mañana”.

Tenía tantas ganas de que me usara nuevamente que me fui a mi sala especial, mi sala secreta y allí me follé con uno de mis consoladores y luego me puse un enema como me había ordenado el amo Ronnie, aunque sabía que hoy no vendría a verme, pero así me ilusionaba pensando en nuestro próximo encuentro. Luego me duché y desayuné. Estuve listo una hora antes de empezar a trabajar.

Ese día se me hizo demasiado largo. Solo esperaba que llegara el día siguiente para volver a ver a Ronnie. Iba a venir a ver el jardín para darme un presupuesto y estaba seguro que luego querría que lo sirviera sexualmente. Un hombre joven como él, constantemente excitado sexualmente como me dijo, no creo que pasara la oportunidad de volver a follarme o de, al menos, que le chupara la polla.

Finalmente llegó el día tan esperado y yo estaba más que preparado para recibir a mi nuevo amo. Ronnie llegó a eso de las cuatro de la tarde. Tocó el timbre y corrí a abrir la puerta.

- Hola, Martín -dijo sonriendo.

- Hola, señor -contesté ansioso.

- Muy bien, primero vamos a ver ese jardín y luego me haces un café.

- Por supuesto -respondí. Ronnie pasó delante de mí y se dirigió hacia la puerta de atrás, al pasar a mi lado pude oler su sudor penetrante. Tenía una barba de dos días y estaba tremendamente sexy en sus pantalones cortos y su camiseta negra ajustada. Estuvo haciendo mediciones en el jardín mientras yo lo observaba. Apuntó en su libreta y a los veinte minutos había terminado.

- Bueno, en dos días te tengo el presupuesto, ahora vete a hacerme un café.

Corrí a la cocina y puse el agua al fuego, Ronnie entró detrás de mí.

- ¿Qué estás haciendo, maricón? -preguntó con voz grave y seria.

- Tu café, señor -respondí temeroso.

- ¿Cómo tienes que estar delante de mí dentro de la casa? -preguntó con cierta ironía.

- ¡Oh, perdón señor Ronnie! -contesté presuroso y empecé a desnudarme ahí mismo.

- Ahora estás mucho mejor -dijo con aprobación-. Mi esclavo tiene que estar siempre desnudo en mi presencia dentro de la casa, que no se te vuelva a olvidar.

- Sí señor, no volverá a ocurrir.

- Así me gusta, y espero que no se te olvide. Ya veo que te has afeitado, muy bien. Siempre que estemos entre estas cuatro paredes o donde yo decida someterme estarás desnudo ante mí. En todo momento y aunque yo no lo esté. Tienes que estar dispuesto a satisfacerme cuando a mí me apetezca. Tu boca tiene que estar lista, tu culo preparado y tus pezones deseosos de que yo lo use. ¿Entendido?

- Sí, señor. Perdóname –contesté bajando la cabeza.

- Bien, estoy seguro que no volverá a pasar. Ahora te traje un regalito que vas a usar siempre que estés en mi presencia para someterte a mí.

Dicho esto, metió la mano en la mochila que traía y sacó una caja negra.

- Toma, ábrela –dijo entregándome la cajita. La abrí y saqué un collar de cuero negro que, debo admitir, era de mejor calidad que los que yo guardaba en mi sala secreta - ¿Te gusta? –preguntó impaciente.

- Me encanta, señor –dije mirándolo a los ojos y sonriendo de satisfacción.

- Perfecto –dijo-, dámelo que voy a ponértelo.

Se lo entregué y lo puso alrededor de mi cuello. Si quedaba alguna duda de lo que Ronnie esperaba de mí, ahora todo estaba claro. Era su perro, su esclavo, su dominado, su puto para todo lo que quisiera ordenarme sexualmente.

- Más adelante compraré una correa para pasearte como mi propiedad –me dijo al oído con la voz más pervertida que le permitieron sus cuerdas vocales. Si supiera la cantidad de correas de distinto material que yo guardaba… pero ya las vería en su momento -. Ahora tráeme el café a la sala.

Obedecí y fui detrás de él como un perrito faldero llevando su café e intentando aspirar el olor a sudor que iba dejando delante de mí. Se sentó en el sofá como la última vez dejando en el suelo la mochila de donde había sacado el collar de cuero. Deposité su taza de café en la mesita y me quedé de pie delante de él esperando sus instrucciones.

-Arrodíllate frente a mí que tenemos que hablar.

-Sí, señor –respondí mientras me agachaba obedeciendo su orden.

-Quiero dejar varias cosas claras –dijo llevándose las manos detrás del cuello y dejándome ver la humedad de sus axilas sudadas. Ronnie me tenía hipnotizado. Me encantaba su cuerpo, su olor, su polla, sus pies y sus nalgas redondas y duras que protegían ese anillo rosado que deseaba chupar como si fuera un helado.

-Necesitamos aclarar algunas cosas para no tener malos entendidos –dijo con su voz de macho dominante. Esa voz que ponía cuando me ordenaba algo o me trataba como un trozo de carne que le daba placer.

-Lo que tú digas, señor –respondí mirándolo a los ojos. Unos ojos negros y penetrantes que parecían taladrar los míos.

-Está claro que te gusta que te domine un macho, un hombre que quiere gozar y que le den placer, como yo. Y yo quiero usarte para mi placer. Como ya te dije, siempre tuve la fantasía de poder dominar a otro hombre y tú me estás dando esa oportunidad, ¿verdad?

-Sí, señor Ronnie. Quiero que me uses y me trates como tu objeto de placer.

-Perfecto –continuó-, pero no quiero que te confundas. Esto no es una relación romántica. Esta es una relación de amo-esclavo donde yo ordeno y tú obedeces y si no te conviene me lo dices ahora.

-No señor. Estoy de acuerdo contigo. No quiero una relación romántica, necesito alguien que me use, que me haga sentirme útil dándole placer. No quiero más.

-Excelente. Yo voy a tratarte como mi putito, vas a satisfacer mis instintos más bajos y vas a sentir placer haciéndolo, ¿está claro?

-Clarísimo, señor –mi excitación aumentaba cada vez más. Al fin había encontrado lo que buscaba y en un hombre tan atractivo como Ronnie.

-A partir de hoy yo decido cuando, como, donde y quien te folla y te usa. Desde hoy tu vida sexual depende de mi voluntad, de mis deseos y de mis fantasías. Si te portas bien y me obedeces siempre tendrás una polla que te llene de leche y unos pies masculinos que llevarte a la boca y un verdadero macho al que adorar y ofrecerte. ¿Te gusta mi oferta?

-Me encanta, señor.

-Tal vez te haga firmar un contrato con mis deseos, ya veremos. Vamos a tener una palabra de seguridad para que no se me vaya la mano cuando tenga que castigarte o disfrutar de tu culo y tus pezones con algunos juguetes. Si ves que me estoy pasando, aunque también espero que trabajes tu resistencia, utilizarás la palabra “Cuba” y si tienes la boca tapada entonces me mostrarás el dedo medio de cualquiera de tus manos. ¿Está claro?

-Por supuesto, gracias señor.

-Bien, ahora que tenemos las bases de esta relación vamos a sellarla como se debe. Quítame las zapatillas y huele mis calcetines.

Sabía que al hacerlo el olor iba a ser muy fuerte. Obviamente el amo Ronnie venía de trabajar y no le importaba que sus pies estuvieran sudados y olieran mal. Había sido claro, tenía que obedecerlo y darle placer, lo demás no importaba. Si me era molesto o doloroso era mi problema, no el de él. Venía a verme para que yo le diera placer y cumpliera sus fantasías de macho dominante. Y yo estaba dispuesto a hacerlo. Cogí sus tobillos y levanté sus pies hasta tenerlos frente a mi cara. Enterré mi nariz en la planta de sus pies y olí con fuerza esos calcetines húmedos de sudor. El olor era penetrante, pero tan viril que mi calentura iba en aumento.

Ronnie gemía de placer y su voz entrecortada me ofrecía lindezas del tipo “putito mamón”, “chupa los pies de un macho, puto”, “dame placer”, lo cual aumentaba mi calentura y mis deseos de complacerlo. Adoraba su olor a sudor, su olor a macho en celo, su olor a macho dominante.

-Usa tus dientes para quitarme los calcetines, maricón –ordenó. Con dificultad terminé de descalzar sus pies por completo y enterré mi nariz entre los dedos de sus pies para aspirar su aroma y luego con mi lengua fui lamiendo cada pliegue de sus dedos metiendo en la boca uno a uno e intentando, infructuosamente, meterlos todos a la vez. Sus pies eran demasiado anchos para que pudieran entrar en mi boca en su totalidad así que debía conformarme con tres o, a lo sumo, cuatro dedos por vez. De golpe puso sus pies en el suelo y cogió una de las argollas que salían del collar de cuero y me hizo ponerme de pie.

-Desnúdame y bebe el sudor de mis axilas –ordenó.

Lentamente fui desnudando su cuerpo. Bajé sus pantalones cortos y su polla apareció erecta y desafiante. Gruesa, dura, venosa, preparada para que mis agujeros le dieran placer. Cuando le quité la camiseta levantó los brazos para darme fácil acceso a sus axilas peludas y húmedas. Lamí su sudor deleitándome con su olor fuerte, ácido y viril.

-Muy bien putito, eres un buen lamedor. Cuanto placer vas a darme, maricón.

No me importaba que me insultara o me humillara, esa era mi misión: rebajarme y humillarme ante un verdadero macho alfa.

-Date la vuelta y pon las manos a la espalda.

Pude escuchar como el amo Ronnie rebuscaba en su mochila y entonces sentí un metal frío rodeando mi muñeca derecha e inmediatamente lo mismo en la izquierda. El amo Ronnie me estaba esposando las manos a la espalda.

-Date la vuelta y arrodíllate.

Obedecí y de inmediato metió su polla hambrienta en mi boca más hambrienta aún. Cogió mi cabeza con sus manos para que no la moviera y empezó a follarme la garganta. Yo me atragantaba constantemente y la saliva empezó a resbalarse por las comisuras de mis labios. Mis ojos empezaron a llenarse de lágrimas, pero el amo Ronnie no tenía pensado detenerse. Después de unos minutos que me parecieron eternos sacó su enorme polla de mi boca y mis mandíbulas volvieron a su sitio. No se había corrido así que seguramente me follaría y yo lo estaba deseando.

-Súbete al sofá, ponte boca abajo y descansa tu pecho sobre el apoya-brazos.

Obedecí y el amo Ronnie cogió la crema lubricante de la mesita de café y con un dedo comenzó a lubricar mi ano. Lentamente fue introduciendo un dedo embadurnado en crema. Metía y sacaba el dedo como follándome, luego fueron dos dedos y luego tres. Me folló con los tres dedos durante varios minutos mientras yo gemía de placer, a veces con dolor, pero siempre gozando por darle placer al amo Ronnie. De pronto sacó los dedos y sentí la cabeza de su polla a la entrada de mi culo. Sin tocarme con sus manos fue introduciendo su capullo hasta que traspasó la frontera de mi esfínter y se quedó quieto. Sin tocarme, sin moverse en absoluto.

- ¿Te gusta lo que sientes? –preguntó.

-Sí, señor –respondí con voz entrecortada.

- ¿Te gusta sentir mi polla en tu culo?

-Sí, señor.

- ¿Quieres que te folle? ¿Quieres que tu amo te folle ese culo de puto que tienes?

-Sí, señor. Por favor fóllame.

-Necesitas ser más convincente.

-Fóllame amo Ronnie –dije medio lloriqueando para que se diera cuenta de mi desesperación por complacerlo, de mi desesperación por tener su polla entera dentro de mí –por favor dame tu polla, mete tu polla en mi culo de maricón sumiso, por favor amo Ro… -no pude terminar de decir su nombre porque empujó toda su polla dentro de mí de una sola embestida y arrancó de mí un gemido de verdadero dolor.

-AAAAGGGGGGHHHHHH

- ¿Qué pasa? ¿No eres capaz de recibir la polla de tu macho?

-Sí, señor puedo recibirla, necesito tu polla en mi culo, fóllame.

El amo Ronnie empezó entonces un follar rítmico. De vez en cuando sacaba su polla entera y volvía a introducirla de un golpe seco antes de que mis esfínteres se cerraran. Era un vaivén enloquecedor que me hacía gemir de placer y dolor en una mezcla realmente especial que me hacía sentir un goce que no había sentido jamás. No solo era saber que su polla me taladraba usándome como a mí me gustaba sino el hecho de que quien me poseía era Ronnie. Un macho joven, aceptablemente guapo, pero con un cuerpo perfecto, viril, velludo y con unos pies grandes y bien hechos, los pies de un macho que me hipnotizaban y a los que me encantaba adorar. Me resultaba difícil creer que un hombre heterosexual como Ronnie supiera como someter tan bien a otro hombre y que supiera exactamente qué hacer para tenerme bajo su control y como tratarme para sentirme totalmente sujeto a su voluntad, sus caprichos y sus fantasías. Deseaba que esta relación de sumisión y dominación continuara para seguir descubriendo hasta donde podía llegar la voluntad dominadora del amo Ronnie.

Empezó a bombear con más fuerza. Con una mano cogió mis muñecas esposadas y con la otra tiró de mi cabello para que levantara la cabeza y mirara hacia adelante.

-Ya casi, puto. Vas a recibir la leche de un hombre. ¿Quieres que llene tu culo de maricón con mi leche de macho?

-Sí, por favor, amo Ronnie, llena mi culo con tu leche, por favor.

El amo Ronnie aceleró sus embestidas y empecé a sentir como su semen caliente invadía las paredes de mi culo. Me sentía en la gloria. Sentía que le pertenecía, que al llenarme con su leche caliente me había convertido en su propiedad sexual. Si existía alguna duda en mi mente, había desaparecido por completo. Era, sin duda, el esclavo sexual de Ronnie.

Sacó la polla de mi culo y metió uno de sus dedos.

-Así –dijo-, ahí viene mi leche –podía sentir como su semen se escurría por mis bolas. De golpe la mano fuerte y viril del amo Ronnie apareció frente a mi cara.

-Chupa mi leche, puto. No quiero que se desperdicie –con mi lengua limpié su mano hasta la última gota de su semen que tragué con delicia.

Me sacó las esposas y se fue al baño. Yo permanecí en mi sitio esperando sus órdenes. Volvió y mientras se vestía me ordenó acostarme en el suelo y hacerme una paja. Me corrí rápido porque estaba súper caliente y nuevamente el amo Ronnie recogió mi leche con su mano y la trajo hasta mi boca.

-Aunque tu leche no es tan valiosa como la mía quiero que te la tragues y no ensucies el suelo.

Obedecí sin rechistar. Luego el amo Ronnie me hizo anudar los cordones de sus zapatillas y se levantó para marcharse.

-Intentaré volver esta semana con el presupuesto. Si estoy muy ocupado te lo mando por email y te digo cuando voy a venir. Por las dudas estate preparado cada día porque si encuentro un hueco me hago una escapada. Aunque sea para que me la chupes, ¿entendido?

-Sí, señor –respondí-, cuando tú quieras.

-Perfecto –sin más cogió su mochila, me pegó un par de palmadas en las nalgas y se fue.

Al cerrar la puerta sentí como un vacío. El amo Ronnie acababa de follarme como un salvaje y yo ya estaba deseando que volviera a hacerlo.

Wednesday, March 20, 2024

EL AMO RONNIE

Capítulo 1

 

El fin de semana se me antojaba un poco aburrido, por eso acepté la invitación de Sue para asistir a la fiesta que iba a dar para conmemorar su 15 aniversario de casada. Tampoco podía negarme, ella me consideraba de su familia y yo había sido testigo de su boda así que no tenía muchas opciones.

 

Sabía que iba a haber gente conocida y otros amigos, pero ese sábado me había levantado particularmente caliente y prefería un buen polvo a una reunión familiar, sin embargo, me preparé y a las dos de la tarde me encontré tocando el timbre de la casa de mi amiga.

 

Después de los saludos de rigor, me serví un gin-tonic y me fui a sentar al jardín. Hacía bastante calor y no me apetecía nada encerrarme en la cocina a escuchar los chismes de las hermanas y cuñadas de Sue. Mi amiga se sentó conmigo y estuvimos charlando un rato de nuestras cosas hasta que la llegada de un desconocido llamó mi atención. Se trataba de un joven de unos treinta años, un poco más alto que yo. Llevaba puesta una camiseta negra muy ajustada que dejaba adivinar un cuerpo bien trabajado. Sus pantalones cortos también ajustados perfilaban un culo perfecto, musculoso, redondo, fuerte. Piernas musculosas y peludas. Lo único que me desilusionó fue no poder verle los pies. Los pies son lo que más me atrae de un hombre. Tenía unas chanclas Adidas y calcetines blancos de deporte. Era bastante atractivo. Al menos para mí. No soy de las bellezas clásicas de películas porno. Me gustan los hombres más bien toscos, con cara de malos y cuanto más peludos mejor. Me gusta el olor a sudor que provocan los hombres velludos. Me gusta sorber las gotas de sudor de sus axilas y sus genitales.

- ¿Quién es ese bellezón? -pregunté a mi amiga.

- Ese es mi sobrino Ronnie, ¿no te acuerdas de él? Estaba en mi boda

- Cariño, tu boda fue hace 15 años. Tendría que ser muy joven entonces. No me fijo en chavalines. Me fijo en hombretones -contesté con una sonrisa.

- Ah claro. Entonces tenía 15 años, calculas bien. Bueno, ha crecido bastante desde entonces.

- Y ha crecido muy bien -continué.

- Está casado y tiene un niño pequeño. No me parece que sea muy feliz con su esposa, pero… ya sabes. Embarazo inesperado y boda relámpago.

- Que pena -dije.

- ¿Cuál es la pena, que esté casado o que sea infeliz? -dijo con sarcasmo y una sonrisa cómplice.

- Las dos cosas, mi amor, las dos cosas.

- Ronnie, ven aquí -Sue llamó a su sobrino, que se acercó a nosotros con una sonrisa que hubiera desarmado a cualquiera. A mí me destruyó.

- Martín -dijo abrazándome-, por ti no pasan los años, estás igual que el día de la boda de mi tía.

- No puedo decir lo mismo de ti. No te había reconocido -contesté al separarme del abrazo.

- ¿Y qué te parece el cambio? ¿Mejor o peor?

- Mejor, mucho mejor -dije mirándolo de arriba abajo. Ronnie lanzó una carcajada sonora y sincera.

- Eres incorregible. Ya me dice mi tía que no hay quien te atrape.

- No, me gusta la independencia y picotear donde pueda -dije sonriendo.

- Bueno, voy a seguir saludando por ahí -dijo Sue-, os dejo para que os pongáis al día.

- ¿Nos sentamos? -preguntó Ronnie.

- Sí claro, ¿pero no quieres beber algo?

- Me traerías una cerveza -dijo mientras se sentaba.

- Sí, por supuesto, de paso me sirvo otro gin-tonic.

No sé por qué, pero Ronnie había despertado la calentura que había sentido esta mañana. Se había convertido en un hombre muy viril y fuerte. Como los que me hacían perder el sentido.

Volví con las bebidas y me senté a su lado.

- Me parece rarísimo que no nos hubiéramos visto durante todos esto años -dije al entregarle la cerveza.

- A mí no me van mucho las reuniones familiares. Realmente me trato solo con mi padre, mi hermana y mi tía Sue, pero no me gusta venir a estar reuniones. Siempre termino discutiendo con alguno de mis tíos. Hoy vine porque Sue casi me lo rogó, de lo contrario no hubiera venido. Pero ya ves, tampoco me arreglé demasiado para la fiesta.

- Estás impresionante como estás -le dije sonriendo-, ¿cómo es que te acordabas de mí?

- Veo que no lo recuerdas, pero el día de la boda de mi tía fuiste el único de sus amigos y de los demás parientes que se paró a charlar conmigo. Me sentía como pez fuera del agua, pero tú me hiciste sentir bien. Me diste charla, nos reímos un rato y se me alegró el día. Reconozco que yo era un adolescente difícil y malhumorado, pero contigo me sentía relajado.

- Lo siento, pero no me acuerdo mucho de ese día. Bebí bastante. Me alegro haber hecho algo bien. ¿Y tú mujer no vino? Me dijo Sue que te casaste y tienes un niño pequeño.

- Sí, me casé, o me casaron. Pero esa es otra historia. No, ella no vino, mi familia le da alergia. Prefirió irse a casa de su madre.

- Lo siento, no pareces muy contento.

- No, no lo estoy. Cada vez me cuestiono más por qué me casé. Lo fácil que era mi vida antes y lo difícil que se está poniendo ahora. No te creas, yo quiero a mi esposa, pero desde que nació nuestro hijo parece que ya no tiene tiempo para mí. Y ni quiero contarte como está el tema dormitorio… -dijo apesadumbrado y dejando el final de la oración en suspenso.

- Bueno -dije tratando de ser comprensivo-, ya sabes que después de que nace un niño, algunas cosas cambian y las mujeres se vuelven más sensibles. Tienen que cuidar a un bebé y no tienen ni tiempo ni ganas para… otras cosas, ya me entiendes.

- Sí, claro que te entiendo, es precisamente lo que nos pasa a nosotros. Pero mi hijo ya no es un bebé. Tiene dos años.

- Ah, eso ya es diferente.

- Exacto, parece que se le fueron todas las ganas. Y yo soy joven, joder, tengo ganas a todas horas.

Yo lancé una carcajada pensando que quería resultar jocoso, pero me miró serio.

- No, de verdad, no es una broma. Y no es de risa, tengo ganas a todas horas y ella parece que ya no quiere saber nada. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que… bueno, no vale la pena hablar de eso. No creo que tenga solución. ¿Qué tal tú? ¿Sigues libre como el viento?

- Muy libre -contesté sonriendo-. No me gustan las ataduras, me gusta pasarlo bien, conocer gente, tener mis escapadas… además soy muy particular, mis gustos son un poco especiales.

- ¿Ah sí? -preguntó curioso-. ¿Qué gustos especiales tienes?

- No creo que este sea el lugar para contarte eso, además no quiero dañar tu alma inocente -dije con una carcajada.

- Mi alma no tiene nada de inocente, créeme. Pero bueno, ya me contarás en otra oportunidad porque me gustaría que volviéramos a vernos para tomar unas birras con más tiempo.

- Me encantaría -contesté animado.

- Hablando de birras, terminé la mía. ¿No me traerías otra? ¿Y una hamburguesa? No quiero entrar a la cocina y encontrarme con mis tíos.

- Por supuesto, señor, como usted ordene -dije sonriendo.

- Pero que obediente eres -dijo también riendo.

- No lo sabes tú bien -contesté.

Diligente fui a la cocina y preparé dos hamburguesas hechas por uno de los tíos de Ronnie y salí con ellas y las bebidas.

- Muy diligente, es verdad -dijo Ronnie al verme llegar-. ¿Eres así de diligente y obediente para todo?

- Digamos que sí, pero no con todo el mundo.

- Me siento honrado, entonces.

Comimos las hamburguesas mientras nos mirábamos de vez en cuando y sonreíamos. Ronnie me parecía cada vez más guapo y sexy. Sabía que me gustaba, era obvio para mí. Un hombre joven, fuerte, autoritario y guapo. Al menos para mis cánones de belleza masculina. Podría convertirme en su juguete sexual en un minuto, estaba seguro. Su abultada entrepierna prometía una polla grande y amenazante y estaba seguro que sus calcetines guardaban el tipo de pies que me volvían loco. No necesitaba nada más. Me tenía en sus redes.

- Y cuéntame -dije acabando mi hamburguesa y desesperado por continuar la conversación y que no se fuera-, ¿a qué te dedicas?

- Tengo mi propio negocio. Diseño jardines y los mantengo.

- Ah, eso me interesa. Verás compré una casa hace un año y el jardín es un desastre. Te podrías pasar y ver que puedes hacer con él y darme un presupuesto.

- Me encantaría -sonó muy sincero al contestar-. Te haré precio de amigos, porque ¿puedo decir que ere mi amigo, ¿no?

- Absolutamente -contesté con una sonrisa-, pero no necesitas hacerme precio de amigos. No quiero aprovecharme.

- Nada de eso. Jamás pensaría que quieres aprovecharte -dijo con una sonrisa que me pareció maliciosa.

Me contó un poco más de su trabajo y yo le hablé del mío. Prácticamente trabajo desde casa así que lo mío no era muy emocionante, pero Ronnie puso interés y me escuchó atentamente haciéndome preguntas muy inteligentes.

Al rato se levantó.

- Bueno, ya cumplí. Me encanta charlar contigo, Martín, de verdad, pero no soporto estas reuniones así que me voy a ir.

- Creo que yo también. Hoy no estoy con ganas de hacer sociales con mis amigos -dije levantándome.

- Si quieres te llevo -ofreció Ronnie.

- No quiero molestarte, además tendrás planes.

- No es molestia y no tengo ningún plan. Venga, te alcanzo hasta tu casa.

- Pues entonces acepto -contesté tal vez demasiado enfáticamente.

Nos despedimos de todos, Ronnie solo de algunos en realidad, y nos dirigimos a su coche. Durante el trayecto hasta su casa hablamos de cosas intrascendentes como el tiempo y el trabajo en general.

- Bueno -dijo Ronnie-, ya hemos llegado. Esta semana te llamo y paso a ver tu jardín para darte un presupuesto -como ya era de noche era lógico que no quisiera verlo ahora.

- Vale, muchas gracias -le di mi número de teléfono y abrí la puerta del coche, pero antes de salir me di la vuelta para dirigirme a él-. Si no tienes planes, ¿te gustaría pasar a tomar un café?

- Pensé que no ibas a ofrecérmelo nunca -dijo sonriendo, apagó el motor y se bajó del coche rápidamente.

Entramos en la casa y lo llevé al salón. Lo invité a sentarse y lo hizo en el sofá de tres cuerpos. Me pareció extraño que no se sentara en uno de los sillones que eran más cómodos. Pero no le di importancia.

- ¿Qué prefieres, café o una cerveza? -le pregunté de pie frente a él esperando que no se notara mi excitación. Ronnie se había sentado como buen macho con las piernas bien abiertas y podía ver el paquete abultado de su entrepierna.

- Si fuera responsable tendría que tomarme un café, pero no me siento muy responsable y después de charlar un rato ya se me pasará el efecto del alcohol, así que mejor una cervecita fría para aplacar el calor -contestó sonriendo y levantando su brazo para acariciarse el cuello por detrás flexionando los músculos de su brazo y poniéndome a cien.

- Marchando, señor -contesté como un camarero diligente.

Volví con una cerveza para él y un gin-tonic para mí. No sé por qué tenía la necesidad de seguir bebiendo. Supongo que estaba preparándome para hacerme la paja de mi vida cuando él se fuera, porque mi calentura estaba alcanzando límites peligrosos.

Le di el botellín y me dirigí a uno de los sillones, pero Ronnie me detuvo.

- Espera -dijo con voz firme- siéntate aquí conmigo. Así conversamos mejor

No me hice de rogar y me senté a su lado. Podía oler el olor a sudor que emanaba de su axila. Hoy había hecho calor y Ronnie había sudado bastante mientras estuvimos charlando en el jardín de Sue. Había podido ver la humedad en la camiseta ajustada. Ahora podía olerlo y tuvo casi el mismo efecto que me producía el poppers. Estaba nervioso. Ronnie me excitaba tanto que tenía miedo de no poder contenerme.

Ronnie dio dos sorbos a la botella de cerveza y se quedó en silencio mirando el suelo.

- ¿Estás bien Ronnie? -le pregunté apoyando mi mano en su hombro.

- Sí -contestó todavía mirando al suelo- tú eres un buen amigo de tus amigos, ¿no Martín?

- Pienso que sí -contesté todavía con mi mano en su hombro. Me gustaba sentir en la mano el calor que emanaba de su cuerpo.

- Y… ¿puedo considerarme tu amigo? -preguntó sin levantar la mirada.

- Por supuesto -contesté animado.

- Si un amigo te pidiera un favor muy especial, ¿lo harías?

- Sí -contesté sin pensar en las ramificaciones de esa solicitud.

Entonces Ronnie levantó la mirada del suelo y me miró a los ojos fijamente. Retiré mi mano de su hombro y él se giró para que su cabeza quedara bien frente a mí. Estuvo callado mirándome fijo durante unos segundos que me parecieron eternos. Y luego habló.

- Chúpame la polla -dijo serio y sin dejar lugar a vacilaciones.

Como un resorte me levanté y me arrodillé entre sus piernas mirándolo a los ojos como esperando la orden para sacar su verga de los pantalones. Ronnie se quedó mirándome fijo, no había sonrisa, solo deseo en sus ojos.

- ¿Qué esperas? -preguntó.

- Solo una cosa. Si te chupo la polla, ¿me dejarás ver tus pies descalzos?

- ¿Te gustan los pies de los machos? -preguntó

- Sí, me encantan los pies de los machos autoritarios como tú -quería dejarle claro que lo veía como un macho alfa y que estaba dispuesto a hacer lo que me pidiera.

- Muy bien -dijo recostándose en el sofá-, si me chupas bien la polla te voy a dejar que huelas y chupes mis pies si eso es lo que quieres.

- Gracias -dije haciendo una pausa-, señor.

Le bajé los pantalones y ante mí apareció una polla como no había visto en bastante tiempo. Ronnie tenía una polla de unos 20 centímetros y bastante gruesa. Estaba produciendo líquido pre seminal y con mi lengua lo limpié. Sabía a gloria. Olía a hombre sudado y macho. Mi boca se dedicó a sus bolas peludas y tragué todo lo que pude de esa verga majestuosa. Ronnie no paraba de gemir y decirme que siguiera, que no me detuviera, que tenía una boca fantástica, que nadie le había chupado la polla como yo. Todo eso me excitaba aún más y sólo quería darle placer a ese macho que podía usarme como quisiera.

Sujetó mi cabeza con sus dos manos y empezó a follarme la boca.

- Cuidado con los dientes, puto. Tienes en la boca la polla de un macho de verdad así que cuidado con lastimarla. Voy a follarte esa boca mamona como nadie lo ha hecho antes. Tu boca mamona sirve para chupar la polla de hombres de verdad.

Sus palabras me excitaban tanto que creía que podía correrme sin tocarme. Me dolía la polla de lo dura que estaba apretada en mis pantalones. Solo quería liberarla, pero no me atrevía a hacer nada sin que Ronnie me lo indicara. Se puso de pie y siguió follándome la boca, de vez en cuando me la metía hasta atravesar la barrera de la garganta haciendo que me dieran arcadas y se me llenara la boca de saliva y los ojos de lágrimas.

- Eso es, mamón -repetía entre gemidos de placer-, trágate toda mi polla, la polla de tu macho, maricón. Te gusta chupar mi polla, ¿verdad puto? Tu boca sirve para darme placer -Ronnie seguía hablándome como si fuera su esclavo sexual y me encantaba, así era como me gustaba ser tratado: como un objeto sexual para darle placer a hombres dominantes y Ronnie parecía ser dominante y exigente. Seguro que ya habría tenido alguna experiencia con alguien como yo y ahora la estaba poniendo en práctica.

- ¿Quieres mi leche, puto? -preguntó, pero yo no podía responder por tener su verga en la boca. De golpe sacó la polla.

- Te pregunté si quieres mi leche, maricón -dijo sosteniéndome la barbilla con su mano para que lo mirara a los ojos.

- Sí, señor -respondí-, dame tu leche, por favor.

Ronnie volvió a meter su polla en mi boca y comenzó a moverse rápidamente mientras mis labios hacían todo lo posible para cerrarse alrededor de su verga con fuerza y ayudarlo a correrse.

- ¡Joder! -exclamó- ¡Ya viene!

Justo al terminar de decirlo sentí el primer chorro de su semen chocar contra mi garganta y empecé a tragar. Otro chorro, y otro. Creo que conté hasta cinco. Ronnie gemía como un poseso mientras descargaba su leche en mi boca.

- Límpiame bien la polla, no dejes ni un rastro de semen, puto -ordenó y obedecí.

Finalmente se apartó, pero siguió de pie.

- Has estado fabuloso -dijo volviendo a sentarse-, veo que te gusta que te traten con autoridad.

- Sí, señor. A eso me refería cuando te dije esta tarde que tenía gustos especiales.

- Te gustan que te sometan, ¿no? -preguntó pasándose la lengua por la boca

- Sí, señor. Soy un sumiso para servir a un macho alfa.

- Muy bien -dijo-, pues como te prometí te voy a dejar que huelas y chupes mis pies, pero para eso vas a desnudarte.

Ni corto ni perezoso me desvestí rápidamente y mi polla apareció en toda su gloria, dura y chorreando líquido pre seminal.

- Veo que te puse caliente, maricón. Sí que te gusta obedecer a un macho de verdad. Hace muchos años me follaba a un chico que tenía tus gustos y me gustó mucho. Tenía ganas de volver a hacerlo y veo que contigo tengo esa posibilidad. Te aviso que tu polla no me interesa, pero yo te diré cuando puedes correrte y cuando puedes tocártela, ¿entendido?

- Sí señor -contesté de pie esperando sus órdenes.

- Ahora vas a agacharte y vas a oler mis calcetines antes de sacarlos de mis pies con tus dientes.

Me agaché frente a él y bajé mi cabeza hasta sus pies. Los apoyó en los talones y comencé a oler sus plantas. Estaban sudados y húmedos, pero olían a gloria. Eran los pies de un macho de verdad, un macho heterosexual que quería que yo lo adorara y usarme para su placer. No podía pedir más, estaba en la gloria.  Le fui sacando los calcetines con los dientes y descubrí unos pies masculinos perfectos. Buen arco, empeine alto cubierto de vello, dedos carnosos con uñas bien cortadas y me dediqué a oler entre los dedos de los pies, para después meter mi lengua entre ellos y chupar dedo por dedo, las plantas, los empeines. Ronnie gemía de placer. Y me dedicaba otras lindezas.

- Huele el olor de un macho, putito. Chupa los pies de un hombre, para eso estás, para darle descanso a mis pies. Eres un cerdo pasivo para que los hombres de verdad gocen con tu cuerpo de puto.

Así continuó hasta que dio por terminada la sesión. Su polla volvía a estar tiesa, entonces se puso de pie y me miró serio con esos ojos negros que se me clavaban hipnotizándome.

- ¿Quieres verme desnudo, maricón? -preguntó serio y con voz profunda.

- Sí, señor, por favor, señor.

- Bien, ¿y a qué estás dispuesto para verme desnudo?

- A lo que tú quieras señor -respondí casi temblando. Quería que me follara, pero no me atrevía a decírselo.

- No, no. Tienes que decirme tú qué estás dispuesto a hacer para verme desnudo.

- Te ofrezco mi culo para que me folles, señor -dije finalmente esperando que eso fuera lo que él quería.

- Muy bien, me parece una buena oferta, pero quiero que me lo pidas, que me lo ruegues como el puto maricón que eres.

Cada vez que me insultaba, yo me calentaba más. Tenía que pertenecer a ese hombre. ¡Necesitaba pertenecer a ese hombre!

- Por favor, señor Ronnie, fóllame. Méteme la polla por mi culo de maricón. Por favor, señor.

- Pero yo ya soy algo más que tu señor, ¿verdad? ¿Qué soy, qué quieres que sea para ti? Dímelo.

- Eres mi amo sexual, mi señor para satisfacerlo sexualmente.

- Bien, eso quería oír. Vete a buscar lubricante y un condón. Hoy voy a follarte con un condón.

Salí corriendo y fui a mi habitación. Cogí un lubricante bastante potente para que su polla no me doliera demasiado y un condón. Lo hice tan rápido que olvidé coger los poppers pero no me importó. Soportaría su polla como el sumiso depravado que era. Quería que su polla me partiera en dos, sólo quería darle placer a ese macho que me abría un abanico de posibilidades que no me había imaginado.

Volví al salón y le entregué el material. Ronnie se sacó la camiseta y aparecieron su pecho y sus abdominales perfectamente marcados. Tenía unos pezones marrones y grandes rodeados de vello pectoral. Su pecho estaba cubierto por una mata de pelo negro. Una línea de vello iba desde el final de sus pectorales hasta el ombligo y de ahí se perdía en sus genitales. Terminó de sacarse los pantalones cortos y el calzoncillo.

- ¿Qué te parece mi cuerpo? Te gusta, ¿no? Es el cuerpo de un macho de verdad.

- Sí señor, me encanta.

- ¿Estás dispuesto a adorarlo y darle placer?

- Sí, señor Ronnie, cuándo y cómo tú lo desees.

- Muy bien, me gusta que estés tan dispuesto. Ponte de rodillas en el sofá mirando hacia la pared -ordenó mi nuevo amo.

Obedecí y enseguida sentí uno de sus dedos jugar con mi orificio y empezar a embadurnarlo con la crema lubricante. Primero metió un dedo, luego dos y finalmente tres con los que lubricó la pared de mi ano. Yo gemía y empujaba mi culo hacia él para que viera mi disposición.

- Sí que estás caliente, putito. ¿Quieres mi polla en tu culo?

- Sí amo Ronnie, por favor señor, fóllame.

- Bien, esto ya está listo -escuché como se ponía el condón y empezó a restregar su polla contra la entrada de mi culo.

- ¿Sientes mi polla, puto? Siente que caliente está y que ganas de follarte tiene.

Empezó a empujar la cabeza de su polla lentamente. Una vez que traspasó mi esfínter se quedó quieto.

- ¿La sientes? ¿Te gusta? ¿Quieres que te la meta entera? -preguntaba con su boca pegada a mi oído.

- Por favor, fóllame, méteme toda tu polla, por favor, señor, soy tu puto, soy tu juguete sexual, por favor fóllame -no exageraba. Estaba tan caliente que necesitaba que esa verga descomunal me taladrara por dentro. Necesitaba sentirme usado por Ronnie a quien me estaba entregando de una forma que sólo había imaginado en mis fantasías más degeneradas. Me habían poseído otros hombres, pero lo de Ronnie era diferente. Era un hombre casado, casi veinte años menor que yo y que estaba haciéndome su esclavo sexual. No podía imaginarme algo más perfecto y de pronto empujó su pollón, lenta pero constantemente hasta que sus bolas tocaron las mías. Yo gemí durante todo el proceso.

- Ya está -dijo a mi oído-, tienes toda mi verga en tu culo de maricón. ¿Te gusta putito?

- Sí, señor, me gusta.

- Muy bien, ahora vas a tener que aguantar un poco -al terminar de decir esto empezó a bombear su polla en mi culo arrancándome gemidos de placer, pero luego empezó a acelerar el ritmo haciéndome gemir y quejarme de dolor, pero jamás le pedí que se detuviera ni él ofreció hacerlo.

- Vas a sentir lo que es la polla de un hombre de verdad, voy a follarte como nadie lo ha hecho, puto. Aguanta mientras tu macho te folla, maricón.

Yo gemía y me retorcía, pero disfrutaba de cada embestida, sentirme poseído, usado para el goce y disfrute de un macho como Ronnie me hacía sentir satisfecho.

- Joder, ya viene -exclamó- ¡Ah! Joder, me corro en tu culo, puto -gritó y sentí como aceleraba aún más su ritmo hasta que se corrió y desaceleró sus embestidas. Pasó sus brazos por mi torso abrazándome.

- Eres un puto perfecto -me dijo al oído-. Hace tiempo que no gozo como hoy, primero con tu boca y ahora con tu culo. ¿Quieres que volvamos a follar otro día?

- Y todos los días que quieras y necesites -dije recuperando la respiración y sintiendo como su polla iba perdiendo fuerza dentro de mi culo-. Estoy aquí para darte placer. Joder, señor, hace tiempo que nadie me follaba como tú. Mi culo y mi boca te pertenecen.

- Excelente, ¿te gusta mi leche? -preguntó mientras se retiraba de mi culo.

- Por supuesto, amo Ronnie.

- Bien, arrodíllate delante de mí y abre bien la boca.

Lo hice, se sacó el condón y escurrió la leche para que cayera dentro de mi boca.

- Traga, es una pena que la leche de un macho alfa se desaproveche.

Obedecí y tragué su semen como si fuera un manjar. Ronnie me tenía bajo su control total.

Se sentó en el sofá, pero me hizo señas para que me sentara en el suelo.

- Un esclavo tiene que estar siempre por debajo del amo, a no ser que éste le diga lo contrario, ¿entendido?

- Sí, señor.

- Espero no haberte sorprendido demasiado con esto ni con la forma en que te traté. Siempre me he sentido un macho dominante y así trataba al joven con el que tuve una relación de amo-esclavo antes de que se fuera a vivir a Escocia. Soy hetero, me gusta follarme mujeres, pero para sentirme dominante y satisfecho, no hay nada mejor que someter a un hombre sumiso y complaciente. Y tú me lo pareciste esta tarde.

- Me alegro que te dieras cuenta, señor. No sabes cuánto me alegro.

- Muy bien. De ahora en adelante voy a follarte cuando tenga ganas o vas a chuparme la polla cuando yo quiera. Vas a estar listo siempre para recibir mi polla, me gusta follar sin condón y llenarte el culo de mi leche, lo que significa que tu culo siempre tiene que estar limpio y preparado para mí. Siempre que te avise que voy a venir vas a ponerte un enema para tener tu interior limpio para mí. Puede que a veces venga sin avisar así que, tal vez, tengas que darte un enema todos los días.

- Sí señor -contesté feliz.

- Si no estás de acuerdo con el arreglo me lo dices y ya está, terminamos aquí.

- No señor, estoy de acuerdo, por favor. Quiero ser tu sumiso, tu esclavo sexual.

- Muy bien. Vamos a manejarnos con mis normas que te iré diciendo a medida que vayamos avanzando en nuestro acuerdo. ¿Estás dispuesto a obedecerme y cumplir mis órdenes sin rechistar?

- Sí amo Ronnie, estoy dispuesto a obedecerte.

- Muy bien. Ahora me voy a ir. Pasado mañana vendré a ver tu jardín para darte el presupuesto. Espero que estés preparado para recibir mi polla.

- Lo estaré, señor, lo estaré.

Ronnie se vistió y yo me disponía a hacerlo cuando se dirigió a mí.

- No te vistas. En mi presencia estarás siempre desnudo cuando estemos dentro de la casa. Y también quiero que te afeites los genitales y el culo. Me gusta que mi esclavo esté libre de vello. El macho es peludo, el sumiso tiene que ser lampiño.

- Como tu ordenes, amo Ronnie, como tú quieras.

Lo acompañé hasta la puerta y antes de abrirla me abrazó y me dio un beso en el cuello.

- Vamos a pasarlo muy bien tú y yo. Vas a convertirte en un sumiso perfecto, ya verás -me dio una palmada en el culo y se dispuso a irse.

- Muchas gracias, señor, espero convertirme en el esclavo sexual que deseas.

- Lo harás, ya verás, serás el sumiso perfecto.

Abrí la puerta y se fue. Yo salí corriendo hacia el salón donde todavía quedaba su olor a macho y me masturbé hasta correrme de forma violenta. Desparramé mi semen sobre mi abdomen, lo recogí con la mano y me lo tragué pensando que era el semen de mi nuevo amo. El señor Ronnie.

 

  Capítulo 2 Esa noche dormí muy bien. Como trabajo en casa no me despierto hasta las 9 de la mañana, me ducho, desayuno rápido y me pongo...